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Epic Trail. Etapa 3 (La dura etapa interminable)

publicado a la‎(s)‎ 29 jun. 2011 8:20 por Nacho Doral
Amaneció el día con la primera de nuestras bajas. Dani nos abandonaba para volver a Madrid y la noche anterior celebramos haber disfrutado juntos las dos primeras etapas. La pérdida la mitigó Antonio que hoy sí haría la jornada completa pese a sus problemas físicos ayudado en parte por su motor eléctrico, chapó.

Ya en la salida notamos que las piernas estaban más que templaditas.Tras un efímero llaneo comienza la subida. Dura desde el principio y técnica, la humedad y la fatiga hicieron el resto. Hasta el pueblo de Ramastue, se suceden duros tramos de pendiente y lugares de piedra de pizarra suelta entre prados y constante vegetación. En esa subida Jesús sufre un pinchazo que le obliga a poner la cámara al tubeless y a seguir la ruta. Las vistas desde esta subida del valle de Castejón de Sos son indescriptibles. En ese momento el grupo es un acordeón constante por la exigencia y la entrada en funcionamiento del "modo ahorro" que a más de uno le salvará al final de la jornada. Tras distintos reagrupamientos entramos ya a un bosque de pinos en el que la pista es más benévola con pendiente bastante más tendida. Los reagrupamientos aunque sin planificar se mantienen y el grupo navega unido dentro de lo posible. Por fin la parada del almuerzo la realizamos en un precioso rincón junto a una cascada preciosa. Comidas, risas y fotos, como debe de ser.

El día sigue y la subida no da tregua hasta su llegada al primer rescoldo de la estación de esquí de Cerler, en el telesilla del Rincón del Cielo. La panorámica del valle es increíble y la climatología nos estaba acompañando para un día perfecto. La breve bajadita nos engaña y enseguida debemos tomar otro precioso caminito de senda por hierba que nos llevaba de lleno al badeo del río. Ese punto nos ofreció risas y escenas realmente divertidas. Unos buscando el mejor punto de paso, otros descalzos por el agua helada y por fín un valiente (David) que nos brinda un perfecto titubeo y el posterior y genial salto al vacío... consiguió alcanzar de lo que huía, caer al agua. (Roberto inmortalizó el momento de manera astuta, qué zorro eres burgalés). Nos calzamos mientras otro se seca, jajajaja y continuamos. El barro hace que Fernando también sirva una bonita croqueta especialidad de la casa y pronto alcanzamos Cota 2000, nuestro último remonte de Cerler. Desde allí más de tres kilómetros de exigencia extrema, ya que unido a la pendiente la dificultad técnica hace estragos en nuestras mermadas fuerzas. De media nos acercamos a la hora en esta subida y muchos de nosotros debemos poner pie a tierra en uno o más puntos. El que esto escribe tuvo la suerte de coronar el primero y aparte de sufrir menos tiempo compartí ascenso con tres cuatro marmotas que sorprendidas se escondieron de estos locos sobre ruedas en sus madrigueras. La buena idea de Antonio de llevar la asistencia eléctrica se tornó en calvario ya que por debajo de 3km/h se detiene el motor... el pundonor y la compañia le ayudaron a acabar, malamente pero acabar.

La vista y el disfrute desde el collado de Basibé es única pero el viento frío de alta cota nos obliga a descender de forma rápida. Nada nos hacía presagiar que la bajada al Refugio de los Pastores iba a ser como fue. La vereda es prácticamente imposible de montar y el paseíto desde la cima hasta el regufio es agotador. La hierba mojada y los múltiples agujeros la convierten en impracticable y el abismo a nuestra izquierda es solamente apta para intrépidos algo descerebrados.

Ya en el refugio comenzamos a apreciar las bonitas praderas de hierba que cubren esa falda de la montaña. Durante la bajada Morales aprecia un ruido al frenar y nos es para menos. Había perdido uno de los tornillos del freno hidráulico. La suerte estaba con él, pues por la mañana Jota y Antonio estuvieron bromeando con un tornillo que no sabían de dónde había salido y era de las dimensiones y rosca idénticas al perdido y "San Antonio" lo guardó en su bolsillo. La bajada es rápida y con buen firme, con ganado junto al camino hasta la llegada al primer pueblo. Tomamos agua y comemos algo. Allí se forjó la frase lapidaria de Morales que al ver un espejismo de asfalto y sabiendo su superioridad en ese terreno dijo a sus "pilotines": Ahora es cuando se va a ver quién entrena y quién no... Pues toma, tras unos pocos kilómetros entramos en una zona rocosa súper técnica en la que poner pie a tierra era los más fácil del mundo y con la tostadida que llevábamos se hizo más que larga, ideal para sus condiciones de "trialero".

Tras reagruparnos nos adentramos en el robledal (siempre en descenso) hasta Vilaller y en el que no nos faltó algún revolcón en una preciosa trialera, donde los Bicipringaos se lucen de manera magistral frente a los "pobres" especialistas de carretera que sufrimos de lo lindo. Juan Antonio arreó al cambio de su Merida un buen golpazo en una zona rápida y dobló la patilla que fue enderezada a manopla y sobre la marcha. Ya nos falta poco pero el tramito de carretera que nos faltaba tenía tela y tras discrepancias con el track intentamos ir lo más agrupados posibles. Seguían los toboganes y volvemos al pinar y al camino en el que poco a poco comenzamos a divisar Pont de Suert, punto final de la jornada. Hablando con Javi compartimos la opinión de hasta dónde estamos de dar pedales... no éramos los únicos. Allí nos esperaban los coches que llevamos la tarde anterior. 9h 30' después de nuestra salida acaba la dura y peleada jornada.

Descanso y cervezas, hoy sí, más que merecidas








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