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Ruta 12 de Mayo. "Ruta cañón..."

publicado a la‎(s)‎ 13 may. 2013 10:32 por Jesús Palomar Lucas
Pedazo de ruta la que teníamos preparada para hoy, y además el tiempo nos acompaña. Joder que bien nos lo vamos a pasar...!!!! Esas eran las sensaciones que teníamos al juntarnos en la plaza y las previsiones se cumplieron al 100%. Un recorrido que casi desde el principio hasta el final nos llenó a todos.
A la cita acudimos los valientes de cada fin de semana, con la ausencia de Goyo que es un fijo, pero que todavía está convaleciente. Pipe, Jose Antonio, Cabra y Palo el que escribe.
Para empezar con buen pie y quitarnos el frescor de la mañana, nos metemos la subida por Barranco lobo. Arriba ya habíamos roto a sudar y para refrigerarnos y no agobiarnos tan pronto teníamos un tramo de descenso hasta la senda del Barranco, un camino en el que últimamente nos toca mojarnos ya que va por el fondo de un barranco y todavía corre el agua y en tramos está estancada.

Llegamos a Vadillo y cogemos el camino del Burgo que a todos nos sorprendió por su belleza. Al principio fuertes tramos de subida con duras rampas entre dehesa con robles centenarios, pasamos por zona de encinas, enebros y pinos. Una riqueza de flora que nos sorprendió a todos muy gratamente. También nos encontramos al borde del camino con una "pina". Ninguno sabíamos el que era, pero nuestro técnico en medio ambiente particular nos lo explicó diciéndonos que es una malformación de un pino que hace que parezca un bonsai a mitad de su tronco. Algo muy curioso que ninguno conocíamos.
Ya en el término de Herrera de Soria entramos en zona caliza con sus sabinares acompañados de pinos pudios. Una zona de gran belleza y ahora en primavera que da gusto rodar y respirar sus aromas que desprenden.
Tomamos el camino de Cabeza la orden ya para dirigirnos hacia nuestro primer destino que era el mirador de Valderrrueda. Llegados allí el asombro era total. La inmensidad que nos ofrece el cañón del río Lobos, la desembocadura del barranco de Valderrrueda y el río Lobos hacia el norte y sur, todo visto desde su parte superior era algo que nos dejó a todos con la boca abierta. Además los colores que nos ofrece la primavera de este paraje son para estar un buen rato con la cámara de fotos en la mano.
Tras unas cuantas fotos nos dirigimos hacia el mirador de la Ermita de San Bartolomé, donde nos encontramos la Sima más grande del cañón. La sima del Carlista. Desde aquí estubimos en dos zonas diferentes haciendo fotos de la zona de la Ermita siempre visto a vista de pájaro desde las alturas del cañón. 


Se me olvidaba que en la bajada hacia el segundo mirador tuve la avería de siempre, esta que ya parece el mal endémico de todas mis bicicletas. Doblé la patilla de cambio. Pero en esta ocasión no estaba preocupado ya que llevaba de repuesto. Sorpresa fue la que tuve cuando fui a montarla y no coincidía a la perfección con la original por un apollo un poco diferente que tenía esta nueva sobre la puntera del cuadro, y no la podía montar, así que había que intentar enderezarla algo para poder continuar con la ruta. Menos mal que Cabrerizo tuvo la mente fría y pensó la mejor marera de hacerlo y así fue que lo hicimos como dijo y me sirvió para seguir con la ruta y aunque los cambios saltaban de vez en cuando, pude terminarla sin grandes problemas.
Una vez disfrutado de las tremendas vistas aéreas del cañón, nos adentramos en el barranco de Valderrueda bajando por una bajada preciosa por los Umbriazos. Este tramo todo por vereda técnica en algunos tramos se hace a toda leche para disfrutarla, tanto de subida como de bajada, y así es como se goza bajo mi punto de vista.
Continuamos la ruta por la antigua pista de avionetas en el término de Casarejos. 
Los kilómetros iban cayendo y Cabrerizo preguntaba la ascensión que llevábamos, que hasta ahí era todavía poca para la que había prevista, y eso le hacía temer que lo duro de la ruta estaba todo junto al final, así que había que guardar pero sin dejar de darle.
Seguimos hasta coger la cañada real e ir a salir al alto del Palomar, donde cruzamos la carretera y tras una larga bajada hasta la tenada del Pito, comenzamos tramo de senda preciosa que no dejamos siguiendo por la de San Roque, donde nos encontramos con nuestro amigo Vicente que había salido por su cuenta. Le animamos a unirse a nosotros y nos acompañó un rato.
Llegados a San Leonardo nos tiramos a subir de nuevo hacia la Majaliana y camino del sendero del Donoso, a donde llegamos por Cabañapades. Tramo este duro de por si, y además ya con lo que llevábamos encima. 
Llegados al cruce donde íbamos a coger el camino para llegar al sendero del Donoso, nos encontramos que está totalmente destrozado por la corta que se ha hecho este invierno. Había que ir con cuidado y sorteando charcos de barro de los cuales ya nos había avisado Vicente, y ramas que había tiradas en el camino, pero yo me confié demasiado y en uno de esos charcos de barro la rueda se clavó hasta el eje y salí despedido junto a mi bici volando un par de metros sin motor. Por suerte no me pasó nada ni a mi ni a mi bici. Sólo algún que otro rasguño sin importancia que no impidió continuar la ruta y dar ya el resto en los kilómetros finales, que si hasta ahora habían sido muy guapos, lo que nos faltaba no iba a ser menos.
El sendero del Donoso lo gozamos como es de costumbre, pero esta vez continuamos el G.R para ir a salir al refugio de la Solana con sus durísimas rampas las cuales al principio Cabrerizo decía que no podía y tras unos ánimos e indicaciones de como hacerlo superó no sin problemas pero eso si, sin bajarse de la bici. Cuando se superan rampas tan duras, la satisfacción personal por lo logrados es muy grande...
En este tramo Jose Antonio sufrió una rotura de cadena, otra de las averías endémicas que sufre normalmente él. Lo arreglamos rápidamente y ya estaba todo casi terminado.
Tras reagruparnos en el refugio de la Solana, ya estaba todo casi terminado y cerquita de casa.
Para terminar la ruta como muchos días, lo hicimos por la senda de la Cruz de piedra hasta Navalcubillo, donde a Cabrerizo todavía le quedaban fuerzas aunque a tirones ya solo para dar ataques, los cuales fuimos respondiendo y siguiendo hasta casa. 
Total que llegamos a casa bien fundiditos con 47 km y 940 metros de ascensión acumulada.
Tomando la caña en el Maño, y comentando las anécdotas de la ruta, nuestro amigo Pipe ya nos bautizó a Jose y a mi con el  "patillas y el cadenas" jajjajajaja....



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