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Ruta 24 de Septiembre. ¡Asalto a la Laguna de Cebollera!

publicado a la‎(s)‎ 3 oct. 2011 2:10 por Jesús Palomar Lucas
La de hoy era la primera salida del grupo fuera de nuestro centro neurálgico que es Navaleno. La logística estaba toda preparada, y a las 8 de la mañana todos estábamos en la plaza dispuestos con nuestros coches para salir hacia El Royo.
En el punto de partida de la ruta, justo en el alto del Royo, donde corona la carretera que une esta localidad con la de Sotillo del Rincón, todo estaba preparado para el evento. Mochilas cargadas con ropa, alimento y agua. Es un recorrido largo y hay que ir bien preparado para los imprevistos.
Hoy teníamos dos nuevas incorporaciones, Jose Antonio y Nacho, que no quisieron perderse este bonito recorrido que hoy teníamos preparado.
Las máquinas se pusieron en marcha, la mañana estaba algo fresquita, (11º) pero era muy llevadera esta temperatura. No llevábamos ni 2 kilómetros cuando de repente se escucha un ruido que pareció un auténtico disparo. Alguien dijo (¿Hay caza hoy?) pero no, fue la cámara de nuestro amigo Cabra, que tras 9 parches de sutura que llevaba ya, no pudo aguantar la presión de aire que le había metido antes de salir. Pues eso, a cambiar la cámara y a rodar de nuevo.
El recorrido discurría justo paralelo al Río Razón, el cual podíamos ver y apreciar su belleza justo desde el camino. Tal era esta, que no pudimos dejar pasar el parar en "El Chorrón" para ver esta inmensa poza que ha labrado el río en la roca y con su pequeña cascada incorporada.
 
Continuamos el recorrido por el fondo del valle del Razón y comenzamos las primeras rampas que nos iban alejando ya de río para ir ascendiendo por la falda izquierda del valle. Los hayedos por los que íbamos pasando eran increíbles, mezclados con algún roble y pinos. Los tramos eran cambiantes, por su vegetación .El ritmo era tranquilo, ya que la belleza de estos parajes había que disfrutarla, además de que en ningún momento dejamos de subir hasta el kilómetro 10 de la ruta. Los canchales cubiertos de musgo y sembrados de hayas eran impresionantes. Un tramo este que a todos nos impresionó por su belleza.
Por fin el largo tramo de subida terminó y nos reagrupamos. La humedad era muy alta y además de por el esfuerzo de la subida, todos estábamos empapados de sudor. Así que ahora tocaba un tramo de llano, con algo de bajada. El ritmo continuaba tranquilo y todos íbamos comentando la belleza del paisaje. Llegamos a un refugio, el cual vimos que era apropiado para hacer una parada y darnos un pequeño almuerzo para cargar pilas por lo que nos quedaba todavía. Las vistas desde aquí eran tremendas y el solito que nos daba, era más que apetecible a esta altura de la ruta y avituayandonos.
Continuamos el recorrido girando hacia la otra falda del valle por un tramo de sube baja por el que las vistas nos ofrecían nuevos parajes a divisar. Por aquí tuvimos el segundo pinchazo del día, el cual Oscar reparó rápidamente con la ayuda del grupo. Un poco más adelante, Goyo vio a lo lejos un venado, dando la voz de alerta, pero ninguno alcanzamos a verlo. (¿Sería un visión, una aparición?...........el caso es que ninguno más lo vimos) jajaja, es broma, seguro que si lo hubo.
 
De nuevo comenzamos un largo tramo de descenso por el cual nos encontramos al único biker del recorrido, (que raro sólo uno) el cual nos llevó hasta el cruce donde se indica la dirección hacia la Laguna de Cebollera. Aquí se acabó lo bueno ya, y aunque suaves, las rampas comenzaron de inmediato. La ropa que llevábamos para el descenso, ya sobraba y pronto nos la empezamos a quitar. En este tramo se podía divisar lo alto de sierra de Cebollera, la cual estaba escoltada por una nubes algo tormentosas, las cuales nos inquietaron un poco, pero que en ningún momento dejaron caer ni una gota ni la bajada de temperatura. Comenzamos la ascensión hacia la laguna a ritmo suave, ya que las rampas eran ya fuertes aunque por pista la cual iba empeorando poco a poco. En este tramo nos cruzamos con varios senderistas, que como nosotros iban a la laguna.
Lo duro ya había llegado y las rampas costaban cada vez más, pero la auténtica dureza comenzaba trás pasar una veja en la que la pendiente con tramos entre el 14 y el 20% de desnivel, no nos dejaron hasta cerca de la laguna. Había algún trozo que pudimos hacer montados, pero el 75% del recorrido hasta la laguna lo tuvimos que hacer en esa modalidad que también forma parte del MTB, que es el "Empujabike". Era una pista estrecha y llega de piedras grandes sueltas. Las vistas desde allí eran tremendas. Cuando parábamos a coger aire, aprovechábamos para contemplar el paisaje que nos ofrecía la sierra. Y por fin llegamos a la ansiada laguna. Paraje de gran belleza custodiada por un tremendo circo glaciar, por el cual nos indicaba la subida a la cumbre de Cebollera.
Tras una pequeña carga de pilas, fotos y demás, comenzamos el descenso. Descenso peligroso tanto por la pendiente, como por el estado del terreno con sus grandes piedras sueltas. Varios lo hicimos completo montados, otros no arriesgaron y  tomaron más precauciones. Aquí fue donde Oscar nos deleitó con un tremendo mortal, el cual en ejecución yo le di un 10, pero en la salida, no lo clavó bien del todo. Jajajaja.... lo importante es que cayó blandito y no le pasó nada.
Tras el reagrupamiento abajo, comenzamos un largo tramo de bajada, variando el recorrido por el que habíamos subido, pero para ir al mismo punto donde comenzamos la subida a la laguna y aquí nos desviamos por un pequeño camino que nos llevó por una preciosa dehesa repleta de robles, la cual nos acercó hasta Sotillo del Rincón.
Aquí en Sotillo, parecía que ya estaba todo chupado y que la ruta estaba casi acabada, pero no, nos esperaba una de las subidas más duras de todo el recorrido. Comenzamos ya cuesta arriba una vez cruzado el río por las calles de Sotillo, y tomando el GR 86, no dejamos de subir en unos 4 kilómetros que se nos hicieron eternos, ya que este último tramo con su dureza y unido a todo lo que llevábamos encima, fue la gota que colmó el baso para ya acabar la ruta bien tocaditos de piernas. Una vez coronado el alto y con una larga y rápida bajada, nos presentamos en los coches, donde tras un rápido lavado del gato, nos preparamos para la comida que teníamos reservada en El Royo.
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