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Ruta 6 de Diciembre. Acebal de Garagüeta

publicado a la‎(s)‎ 7 dic. 2012 3:25 por Jesús Palomar Lucas
NavalenoBTT sale de ruta fuera de sus dominios, y como siempre hacemos ya tenemos todo dispuesto para disfrutar de un buen día de bici y además una buena comida donde todos juntos podremos comentar las anécdotas más interesantes del día, y damos cuenta que hoy nos han pasado unas cuantas, a cual de todas a mi parecer más divertidas.
Niebla baja nos recibía en Arévalo de la Sierra. Parecía que íbamos a pasar frío, así que había que abrigarse bien y estar preparado con ropa para cualquier imprevisto que nos viniera en la ruta.
Bajamos la bicis del coche y ya acuden nuestros guías para esta ruta. Fidel y Chema, que son perfectos conocedores de la zona nos iban a enseñar los mejores rincones de la zona del Valle y el Acebal de Garagüeta. Tras los saludos y sin más preámbulos ya que nos quedábamos fríos, comenzamos la ruta. Fidel ya nos avisa de que tenemos una larga subida hasta entrar en el Acebal, así que vamos a tomárnoslo con calma.
El terreno está duro debido a la pequeña helada que ha caído y la niebla baja que hacía que la temperatura bajara al menos un par de grados más, pero esto hacía que la subida en estas condiciones ayudara para el rodar de nuestras bicis.
Una vez adentrados en la dehesa con su amplio robledal centenario, todo eran admiraciones al paisaje por el que circulábamos. Lógicamente íbamos tranquilos, que es lo que ahora toca en esta época del año, y esa tranquilidad en el ritmo hace que el disfrute del paisaje y el terreno sea mayor.
Acabado la zona de dehesa, salimos a una pista la cual nos llevaría tras una subida de unos dos kilómetros con unas fuertes rampas al principio y luego un poco más llevaderas, hasta el parking donde está la caseta y la entrada al Acebal. Aquí y superados los 1400 metros de altitud pudimos divisar un tremendo mar de nueves, bueno en este caso era niebla, pero era el mismo efecto. A nuestra derecha teníamos la sierra de Cebollera con un gran manto de blanco desde sus faldas hasta su cumbre. De frente a la izquierda asomaba la cumbre del Moncayo sobre el mar de nubes, y seguido a cebollera teníamos el Piqueras. ¡Unas vistas impresionantes!.
Nos adentramos tras sortear unas verjas en el parque del Acebal. Jose Antonio, gran conocedor de todos los datos de este tipo nos dice que a la vista tenemos las cuatrocientas y pico hectáreas que forman el Acebal. Desde donde estábamos en ese momento pensamos, "pues así a la vista parecen pocas, ya que nos da la vista para ver toda la mancha verde que la conforma", pero una vez dentro y circulando por lo escarpado de su terreno y lo duras que se hacen las subidas por la falda del valle, damos cuenta de la cantidad de rincones bonitos y por recorrer que tiene este que es el Acebal más grande de Europa.
Fidel y Chema que obraron a la perfección de guías, nos fueron llevando por los rincones más bonitos del Acebal, y uno de ellos fue el refugio de pastores que hay en el centro de este, al que llegamos tras superar un sendero precioso entre los frondosos acebos para salir a una pradera donde estaba ubicado. Fidel nos dijo que fue su abuelo el que lo había construido, contándonos la paciencia que tubo que tener para su construcción ya que conlleva mucha dificultad.

Continuamos el recorrido y volvemos a salir a la fuente que da entrada al acebal. No sin antes superar varios ventisqueros de nieve por los que íbamos circulando, en los que en varias ocasiones se nos quedaba la rueda clavada y salimos por delante volando. La caída al menos era en blando y sin ningún problema. ¡Una gozada!.
Iniciamos una subida donde las primeras rampas eran bastante duras, y aquí fue donde comenzó el calvario de pinchazos que tuvimos toda la mañana. Fidel nota que la suspensión le va blanda, hasta que ve que lleva un pinchazo. Comenta que tiene cámara antipinchazos, con lo que intentamos seguir solamente metiéndole aire para ver si sella. No creo que andáramos 200 metros más cuando Fidel ya no puede más y decidimos ya hacer el cambio de cámara. La verdad que estas paradas venían bien ya la subida era muy continua y además sobre los ventisqueros se andaba muy mal. Fidel cambia de cámara y continuamos. No llegaría ni a 500 metros los que andamos y de nuevo pinchazos. Goyo y de nuevo Fidel, así que había que mirar bien las cubiertas y limpiarlas bien de pinchos, porque sino esto iba a ser el cuento de nunca acabar. Fidel tenía dos pedazo de pinchos los cuales hacían que no hubiera cámara que soportara eso. Una vez reparados los pinchazos continuamos. Parece que la cosa vuelve a la normalidad y se acaba el gafe. El recorrido es duro, ya que hay tramos que no se pueden hacer andando por los ventisqueros, y además el camino no deja de picar hacia arriba. Casi ya saliendo del Acebal y tras parar a hacer una foto, me doy cuenta que yo también voy pinchado. Cambio rápidamente de cámara con ayuda de Fidel y reanudamos el camino. El viento empieza a aparecer ya a casi los 1600 metros de altura por esta falda del valle. En lo alto de la loma asoman las aspas de los aerogeneradores los cuales anuncian lo que todos imaginábamos (viento fuerte). 

Una vez coronada la loma a más de 1660 metros pudimos divisar unas vistas espectaculares. Incluso Jose nos indicó cuales eran los Pirineos.
Nos abrigamos de nuevo y comenzamos la bajada al lado de los aerogeneradores. Tramo que hicimos con precaución por la capa de nieve que cubría la pista. 
Llegados al cruce el G.R nos desviamos por este. Nuestros guía ya nos avisaron de la dificultad que tenía esta bajada sin nieve al ser una auténtica trialera, la cual tendremos que volver a hacer para disfrutarla en condiciones, ya que esta vez con tanta nieve no la aprovechamos tanto. Aunque para mi igualmente fue una gozada. No tanto para Goyo que estaba un poco mosqueado por alguna que otra caída sufrida y otro pinchazo más que tubo. Reparamos el pinchazo y de nuevo al lío. 
Ahora tocaba tramo de ligera bajada por senda entre un robledal precioso para llegar al Castro Celtíbero de Gallinero. Aquí la idea era de seguir hasta Almarza, pero debido a tanto pinchazo se nos había ido mucho tiempo de la mañana, así que decidimos acortar y volver otra vez por la parte baja del Acebal y entrar de nuevo al término de Arévalo de la Sierra y hacer toda la subida que hicimos al principio, pero esta vez de bajada. Rápida bajada donde tuvimos barro para dar y regalar, ya que la temperatura del día había subido y los caminos empezaron a sudar barro. 

Casi sin darnos cuenta nos presentamos en Arévalo donde un vecino del pueblo nos dejó una manguera para poder lavar las bicis. Nos aseamos un poco al sol y nos preparamos para otro de los retos a los que veníamos, que era la comida en la Casa Rural de los Villares. Aquí nos apretamos un menú degustación cojonudo y ya con todos los deberes hechos, nos fuimos hacia nuestras casas con la sensación de haber pasado otro gran día más de bici junto al grupo y haber conocido nuevos parajes los cuales tenemos muy cerca y seguiremos visitando.



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