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Ruta 9 de Julio NavalenoBTTrail (Subida al Urbión)

publicado a la‎(s)‎ 11 jul. 2011 9:29 por Jesús Palomar Lucas   [ actualizado el 12 jul. 2011 9:22 ]
Por fin llegó el día que todos esperábamos, la ruta reina del club, "La NAVALENOBTTrail", con la subida al techo de la provincia, "El pico de Urbión".
Después de una semana de preparativos, que si tantos para la ruta y tantos para la comida, que si comprar el avituallamiento, encargar y comprar la comida y logística varia... lo que realmente teníamos ganas, era ya de empezar la ruta y el disfrute de esta.
A las 8:00 de la mañana empezábamos la ruta los 18 valientes que estábamos citados para el día de hoy. Los NavalenoBTT: Pedro, Carlos, Nacho,Cabra, Pipe, Palo, Miguel, Alberto, Domin, Humberto, Goyo, Dani y Coque. Y los invitados a la ruta de hoy. Molina, Keka, Alfredo, Nacho y Rafa.               .
La ruta de hoy no iba a ser una ruta típica NavalenoBTT, ya que en ningún momento hubo los típicos hachazos en los finales de cuestas, sino que se intentó en todo momento ir lo más agrupados posible.
La ruta empezaba con una fuerte subida a la cruceja, la cual nos puso las piernas al día e hizo que los cuerpos entraran rápido en calor, el cual no hacía mucho a esas horas de la mañana. Hay que decir que la temperatura durante todo el día fue inmejorable, ya que no tuvimos un calor agobiante en ningún momento del día y eso hizo que la dureza de la ruta se llevara mucho mejor. Tras una rápida bajada hasta el paso de los peces, pronto nos presentamos en la estación de Pinar Grande, en donde tuvimos la primera y única avería del día (hasta en eso tuvimos suerte), el pinchazo de Humberto, que por cierto, necesita una doble urgentemente (ahí está el mensaje lanzado). Continuamos la ruta y llegamos a los campamentos de Sotolengo, en donde encaramos la subida al Mórico y tras los toboganes del Robledillo y los Cascales, rápido nos encontramos con que estábamos en el primer avituallamiento de la ruta en el refugio de Mojabragas. Allí nos esperaba María, a la agradecemos enormemente el trabajo realizado por su parte, desplazándose con su coche a los dos primeros avituallamientos y temiéndonos preparado el alimento sólido y líquido, que tan bien nos vino en todo momento. Había sido poco el desgaste realizado hasta el momento, pero todos tiramos de líquido isotónico, barritas, fruta y demás que teníamos preparado. Más de una vez se oyó en el grupo el comentario, "al final hoy vamos a acabar con más peso del que comenzamos la ruta... jajajaja).
Tras un kilómetro de carretera, tomamos el camino de Sotogrande, al que le da nombre ese bonito refugio que hay en el margen izquierdo de este. El ritmo era animado y alegre, con una conversación amena en el grupo, que hizo que en el cruce que teníamos que tomar en el paso de la Escribana, los navegadores de gps nos despistáramos y continuáramos por el camino de la cuerda del Hormigal en vez de haber subido hasta la base del Marañón en la Tejera. Cuando nos dimos cuenta del despiste, ya decidimos continuar por donde íbamos ya que nos iba a llevar al mismo sitio donde teníamos preparado el segundo avituallamiento de la jornada. En la plaza de Molinos de Duero, al pie del bonito frontón de pelota, allí nos estaba de nuevo esperando María con el alimento para cargar fuerzas y afrontar la parte dura de la ruta...
Tras recargar el cuerpo y hacernos la foto de rigor, nos dirigimos por un bonito paseo a la orilla del Duero hasta Salduero, donde tomamos el camino que nos indicaba que se acabó lo suave de la ruta y con sus primeras rampas indicaba que sería casi todo así hasta nuestro tercer y último avituallamiento en la fuente del refugio de Bocalprado. La subida tenía de todo, tramos de duras rampas y tramos más tendidos, pero siempre picando hacia arriba. En el cruce del camino de la torreta del Cubillo fue donde se dio la anécdota del día, ya que Alfredo, que en el momento de paso por este cruce estaba un poco más descolgado del grupo principal, no lo tomó y siguió adelante. Ahí es donde Alberto, tirando de su buen haber en el grupo, fue a buscarle tragándose un par de kilómetros extra de bajada y luego de subida hasta reagruparle dentro del grupo, que ya estaba en la fuente del refugio de bocalprado esperando para la última carga de pilas. Este último avituallamiento lo teníamos preparado en los coches que fuimos a dejar en el refugio el día de antes. Tras la recarga de líquido y sólido, encaramos la última parte del recorrido que a la vez era la más dura y exigente. El grupo comenzó unido, yendo todos juntos, para intentar que la espera y reagrupamiento en la cima del pico fuera lo menor posible, pero esto es algo que es casi imposible el llevar a cabo, ya que cada uno se pone un ritmo de subida y es como mejor se hace una subida de este tipo...
El recorrido por los frondosos pinares de albar, eran inmejorables, unido a la temperatura que nos acompañaba en ruta, que no era de excesivo calor ni tampoco de fresco que según íbamos aumentado de altitud se notaba con más intensidad.
A la altura del cruce Tejeros, Molina nos dejó y comenzó camino de vuelta a Navaleno, ya que no podía quedarse a comer. Solo decir que está invitado a unirse al grupo siempre que quiera. En este punto del recorrido y tras casi 60 km y muchos de subida, el grupo estaba fragmentado en tres grupetos, los cuales al comenzar la zona mala de la subida tras la torreta de Muchachón, se fueron dividiendo en más. Cada uno se ponía su ritmo e iba buscando la mejor trazada por ese terreno pedregoso y malo que nos llevaría a la base del coloso que hoy nos disponíamos a coronar. Tras unirnos todos en la cruz del Urbión y hacer fotos varias de esas impresionantes vistas que nos brindaba la cumbre, subimos hasta la misma cima a patita y nos hicimos la foto de rigor que señala como reto conseguido. Y sin dar tiempo a quedarnos fríos, nos dispusimos a tomar el duro descenso por ese terreno pedregoso y tan malo, que hacía tomar las precauciones pertinentes para no dar con los huesos en el suelo. Tras un último reagrupamiento rápido en el cruce Tejeros llegamos todos juntos al refugio de Bocalprado, donde todos nuestros acompañantes nos estaban esperando con una estupenda paella, la cual dimos buena cuenta tirados en la pradera, en la que se estaba de lujo. Todo ello acompañado de unas buenas cervecitas fresquitas.
En definitiva un grandioso día de bici y de convivencia entre amigos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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